Un tribunal ha condenado a 12 años de prisión a un profesor de Lanzarote por abusar sexualmente de una alumna cuando esta tenía entre 9 y 12 años. La víctima, que ahora tiene 20, denunció los hechos en 2022 tras conocer la absolución de otro acusado.
La víctima, que hoy tiene 20 años, ha visto cómo la justicia daba la razón a su testimonio después de un largo proceso que comenzó cuando decidió denunciar los hechos ocurridos entre los 9 y los 12 años. La sentencia, que aún puede ser recurrida, supone un punto de inflexión en un caso que ha conmocionado a la isla.
Un proceso de aceptación y valentía
La joven explicó que el primer momento de conciencia llegó al salir del colegio. “Hablando con otras compañeras fue el primer momento en el que dije: esto que hacían no estaba bien”, recuerda. Sin embargo, entender la gravedad de lo vivido fue un proceso gradual. “A los 12 años pensar en abuso sexual no pasaba por mi mente. Fue un poco más adelante cuando llegó el siguiente golpe: esto no solo es que estuviera mal, es que es un abuso sexual y es denunciable”, añade.
Lo más duro, según relata, fue aceptar que la persona que idolatraba se estaba aprovechando de ella. “¿Cómo le dices a tu mente que la persona que considerabas que se preocupaba por ti en realidad estaba abusando? Ha sido muy difícil porque era muy pequeña”, confiesa. El apoyo de su madre y la terapia fueron claves para poder afrontar el proceso.
El impulso de una absolución previa
La decisión de denunciar llegó tras conocer la absolución de otro profesor de la misma isla en un caso similar en 2022. “Cuando salió la noticia de que lo habían absuelto fue una decepción muy grande. No me cabía ninguna duda de que podría haber pasado. Ver la absolución te hace dejar de sentir esperanza, pero a mí me impulsó a decir: somos muchas, a alguna nos tienen que escuchar”, asegura.
Esa determinación la llevó a dar el paso, y ahora la sentencia le ha devuelto la confianza. “Siento que se valida la historia que he vivido ante la ley, pero también ante todas esas personas que no creyeron que el abuso era real, que lo minimizaron o que miraron hacia otro lado”, afirma. La joven se siente afortunada, porque sabe que no todas las víctimas consiguen este reconocimiento.
Un caso que visibiliza el abuso en entornos educativos
El caso ha puesto el foco en la necesidad de proteger a los menores en el ámbito escolar. La víctima destaca la importancia de hablar y no callar, aunque el proceso sea duro. “Implicaba hablar de todo ello, enfrentarte a tener que ir a una comisaría, hablar con policías, en un futuro en un juicio… Es un proceso muy incómodo y muy duro, pero a la vez para mí ha sido una cosa muy necesaria que me ha ayudado mucho”, señala.
Ahora, con la condena, la joven espera que su testimonio sirva para que otras víctimas se sientan respaldadas. “Ojalá que esta sentencia anime a más personas a denunciar, porque la justicia puede llegar”, concluye.

