Un análisis de 457 esqueletos de las siete islas ha permitido reconstruir la alimentación de los antiguos canarios durante quince siglos. La cebada y el marisco fueron claves para sortear el hambre.
La investigación, publicada en la revista Scientific Reports en 2026, ha analizado el colágeno óseo de 457 individuos de todas las islas mayores del archipiélago. Los científicos, liderados por Elías Sánchez-Cañadillas y Jonathan Santana, han combinado isótopos de carbono y nitrógeno con dataciones por radiocarbono para trazar un mapa nutricional sin precedentes.
El norte de Tenerife y Gran Canaria: el granero de la cebada
En las islas más altas, como Tenerife y Gran Canaria, la agricultura de secano fue el pilar de la dieta. El estudio revela que la cebada y el trigo duro aportaban entre el 28% y el 33% de las calorías diarias. Los sistemas de silos colectivos, documentados en yacimientos de la isla, permitían almacenar excedentes para los años de sequía.
En La Palma y La Gomera, los valores isotópicos muestran una dependencia aún mayor de las plantas silvestres y los recursos terrestres. Los helechos y las raíces molidas, que desgastaban los dientes, eran un complemento habitual. En El Hierro, la dieta era mixta, con incursiones esporádicas en el marisco costero.
Lanzarote y Fuerteventura: el marisco como salvación
Las islas orientales, más áridas y bajas, presentan un patrón radicalmente distinto. Los análisis de Lanzarote y Fuerteventura muestran niveles de nitrógeno muy elevados, típicos de una dieta rica en proteínas marinas. La falta de agua dulce y la escasez de suelos fértiles obligaron a sus habitantes a volcarse hacia el mar.
Según los investigadores, el marisqueo en las costas rocosas y la cría de cabras y ovejas que pastaban vegetación salina explican esos marcadores. Las plagas de langosta sahariana y las sequías recurrentes hacían que la agricultura fuera casi inviable, por lo que la supervivencia dependía del litoral.
El estudio, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, ha permitido también datar con precisión la llegada de los primeros amaziges a las islas, que se sitúa en los primeros siglos de nuestra era. Los investigadores subrayan que no existió una única dieta aborigen, sino que cada isla desarrolló su propia estrategia de adaptación.
Para los canarios de hoy, estos datos ayudan a entender cómo sus antepasados lograron sobrevivir en un ecosistema cerrado y hostil durante quince siglos, antes de la conquista europea. Los restos óseos, conservados en museos de Tenerife y Gran Canaria, seguirán siendo una fuente de información clave para la arqueología del archipiélago.
¿Qué comían los aborígenes canarios?
Su dieta variaba según la isla: en Tenerife y Gran Canaria predominaban la cebada y el trigo; en Lanzarote y Fuerteventura, el marisco y la carne de cabra.
¿Cómo se ha descubierto su alimentación?
Mediante análisis de isótopos de carbono y nitrógeno en el colágeno óseo de 457 esqueletos, combinado con dataciones por radiocarbono.

