Santa Ana es patrona de Las Palmas de Gran Canaria y copatrona de la isla. Su imagen preside el retablo de la Catedral-Basílica, y el apellido Santana es muy común en la ciudad.
La devoción a Santa Ana, abuela de Jesús y patrona de Las Palmas de Gran Canaria, trasciende las fronteras de la isla y se extiende por todo el mundo católico. En la capital grancanaria, la figura de Santa Ana ocupa un lugar central en la Catedral-Basílica, donde un retablo principal la muestra enseñando a leer a la Virgen María niña. Esta imagen, de gran tamaño, simboliza la enseñanza, la protección y el cuidado.
Santa Ana es también copatrona de Gran Canaria junto a la Virgen del Pino, lo que refuerza su arraigo en la isla. La catedral, dedicada a Santa Ana, alberga una de las representaciones más destacadas de la santa, que atrae a fieles y visitantes. La tradición local vincula esta devoción con la historia de la ciudad, que celebra sus fiestas patronales en honor a Santa Ana cada 26 de julio.
El apellido Santana, contracción de "Santa Ana", es especialmente frecuente en Las Palmas de Gran Canaria, muy por encima de la media nacional. Este hecho tiene un origen múltiple: puede deberse a la nobleza peninsular que llegó durante la Conquista, al bautismo de aborígenes canarios, a la presencia de judeoconversos o a la relación con ermitas e iglesias. En el pasado, el orfanato de la Catedral-Basílica acogía a niños expósitos bajo la advocación de Santa Ana, lo que contribuyó a la difusión del apellido.
La emigración canaria a lo largo de los siglos ha llevado el apellido Santana a Hispanoamérica y Estados Unidos, donde hoy es común en países como Cuba, Venezuela o Puerto Rico. Así, la devoción a Santa Ana y el apellido que deriva de ella han traspasado el océano, creando un vínculo entre Canarias y América.
En otras ciudades españolas, como Zaragoza y Tudela, también se venera a Santa Ana con reliquias de su cráneo. En la basílica del Pilar de Zaragoza existe una capilla dedicada a la santa, con una escultura que la muestra enseñando a leer a la Virgen Niña. Tudela, por su parte, conserva un busto relicario gótico procedente de Zaragoza. Estas manifestaciones de devoción se suman a las de Las Palmas, donde la santa es especialmente querida.
La presencia de Santa Ana en el mundo católico es amplia, con ermitas e iglesias dedicadas en numerosos países. En Canarias, su figura es un símbolo de identidad local, que se manifiesta no solo en la catedral, sino también en calles, plazas y en el sentir popular. La festividad de Santa Ana y San Joaquín, el 26 de julio, es una de las citas más señaladas en el calendario de Las Palmas de Gran Canaria, con actos religiosos y populares.
Para los vecinos de Las Palmas, Santa Ana representa un referente espiritual y cultural. La catedral, que lleva su nombre, es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, y su retablo mayor es objeto de admiración. La devoción a la santa se transmite de generación en generación, manteniendo vivas las tradiciones.
La expansión del apellido Santana es un reflejo de la influencia canaria en el mundo. Muchos canarios emigraron a América llevando consigo su cultura y sus apellidos, y Santana es uno de los más extendidos. Este fenómeno demuestra cómo una devoción religiosa puede dejar una huella duradera en la sociedad, más allá de lo puramente espiritual.
En conclusión, la devoción a Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria no solo es un hecho religioso, sino también un elemento identitario que ha trascendido fronteras. La figura de la santa, representada en la catedral, y el apellido Santana, tan común en la isla, son prueba de su arraigo. Las fiestas patronales de julio son una oportunidad para que los canarios renueven su vínculo con su patrona.

