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El cuñado que jura que en la Península se vive mejor

Veintitrés grados en enero y aún hay quien se queja.

Candela RiveroCandela Rivero··Actualizado: ·2 min de lectura

En toda familia canaria hay un cuñado —no tiene por qué ser cuñado literal, es más bien un cargo espiritual— que en cada comida familiar suelta la misma sentencia: «pues en la Península se vive mejor». Lo dice en enero. En una terraza. A veintitrés grados. En manga corta.

Uno le mira, mira el cielo azul, mira el mar al fondo, mira su propio brazo bronceándose en pleno invierno, y no sabe si reír o pedirle que se explique. Pero el cuñado no se explica: el cuñado sentencia. Que si allí hay más oferta cultural, que si aquí todo llega tarde y caro, que si el barco, que si el avión, que si estamos aislados del mundo.

Y algo de razón tiene, no vamos a engañarnos. Aquí un paquete tarda lo que tres reinados y comprar por internet es un acto de fe logística. Pero de ahí a añorar el frío de una meseta en pleno febrero hay un trecho que solo el cuñado canario está dispuesto a recorrer.

Lo mejor es que jamás se irá. Ese es el detalle. Lleva veinte años diciendo que en la Península se vive mejor y ahí sigue, echando raíces junto al mar, quejándose del paraíso con la boca llena de papas arrugadas. Y en el fondo lo entendemos, porque quejarse del sitio donde uno vive de maravilla es, quizá, el deporte nacional más honesto que existe.

Candela Rivero

Escrito por

Candela Rivero

Redactora

Economista por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y friki de las hojas de cálculo sin remedio. Le van los gráficos, las startups y explicar por qué sube la vivienda; jura que un día entenderá las criptomonedas.