La modelo grancanaria Ariadne Artiles confiesa que su corazón siempre vuelve a San Agustín, en San Bartolomé de Tirajana. Allí pasó los veranos de niña y ahora regenta un complejo de ocho apartamentos frente al mar.
La modelo grancanaria Ariadne Artiles ha desfilado en las pasarelas más importantes del mundo, pero su lugar favorito sigue siendo la playa de San Agustín, en el municipio de San Bartolomé de Tirajana. Allí, frente al océano Atlántico, la modelo ha encontrado su refugio personal y ahora también su proyecto empresarial.
Pura Vida, el negocio frente al mar
Justo enfrente de la playa de su infancia, Artiles abrió Pura Vida, un complejo de ocho apartamentos en primera línea de costa. Cada uno lleva el nombre de una isla canaria y está decorado con los colores y texturas que la representan. El de Fuerteventura, por ejemplo, se distingue por sus tonos azules; el de La Palma, por un estilo más rocoso y volcánico.
La modelo define este negocio como "un sueño y un guiño a mis Islas". Con él busca compartir la calma y el ritmo tranquilo de la vida en Canarias, algo que ella misma valora tras años de viajes constantes por trabajo.
"Aquí empezó todo", suele decir Artiles al referirse a San Agustín.
La conexión con su tierra es tan fuerte que, pese a haber vivido en Milán, Nueva York o París, siempre regresa. Ahora son sus tres hijas las que hacen castillos de arena en la misma orilla donde ella jugaba de pequeña.
San Agustín, un rincón familiar en el sur de Gran Canaria
San Agustín es una playa de arena clara, tranquila y de ambiente familiar, ubicada en el municipio de San Bartolomé de Tirajana, que cuenta con 32 kilómetros de costa y más de veinte playas. Aunque no es tan conocida como otras del sur, para Artiles tiene un valor sentimental incalculable.
La modelo prefiere el pádel surf, el buceo o simplemente correr por la orilla antes que el surf, que le inspira respeto. También le gusta estirarse en una esterilla frente al mar y disfrutar de la brisa atlántica.
Muy cerca de San Agustín se encuentra la Reserva de la Biosfera de las Dunas de Maspalomas, más de 400 hectáreas de arena dorada que albergan una charca, un palmeral y aves migratorias. El faro de 1861, que preside el paisaje, sigue siendo el mejor lugar de la isla para ver el atardecer.
Desde allí, mirando al mar, a un lado está el paseo de Meloneras, con el yacimiento aborigen de Punta Mujeres y terrazas siempre llenas. Al otro, las dunas se vacían de gente y solo quedan los pájaros. Siguiendo la costa se encuentran Playa del Inglés, la pequeña Las Burras y, al final, de nuevo San Agustín.
Para quien quiera conocer este rincón, lo mejor es dejarse llevar por el paseo marítimo y descubrir la tranquilidad que enamoró a Ariadne Artiles.

