Un programa de ciencia ciudadana en el Parque Nacional de Timanfaya utiliza el seguimiento de mariposas como indicador de la calidad ambiental. En junio se contabilizaron 157 ejemplares en un corto recorrido.
Las mariposas, más que un espectáculo visual, son una herramienta científica. El Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote, ha puesto en marcha un programa de seguimiento de estos insectos para evaluar el estado de salud de sus ecosistemas. La iniciativa, enmarcada en un proyecto de ciencia ciudadana, permite medir la calidad ambiental del espacio protegido a través de la presencia y abundancia de estos polinizadores.
La bióloga de Tragsa Rosa Betancort explicó este jueves en Lancelot Radio que las mariposas son un indicador clave. “La salud de los insectos y la cantidad que podemos encontrar en la naturaleza es un indicador de la calidad de un ecosistema o del buen funcionamiento de un sistema”, señaló. Betancort destacó que la ausencia de polinizadores tendría consecuencias graves para la flora y la fauna.
“Cuando no hay polinizadores, todo mal. Si no encontramos polinizadores en los campos, difícil vamos a encontrar después frutos y nuevas generaciones de plantas”, advirtió la experta. Los datos recogidos este año reflejan una situación positiva: en junio se contabilizaron 157 mariposas en un recorrido relativamente corto. Betancort atribuyó esta abundancia a las lluvias del invierno, que favorecieron el crecimiento de la vegetación y, con ello, la proliferación de insectos.
El seguimiento no solo aporta información sobre las mariposas, sino que también permite evaluar el estado de toda la cadena ecológica. Estos insectos constituyen la base alimenticia de numerosas aves y otros animales, por lo que su presencia o ausencia tiene un efecto dominó en el ecosistema.
Betancort aprovechó para lanzar un mensaje de concienciación a los visitantes del parque. “Cualquier visita a la naturaleza tiene que ser siempre desde el respeto”, afirmó. Recomendó mantener a los perros atados durante la época de nidificación, evitar alterar el paisaje y limitarse a observar y fotografiar las mariposas sin manipularlas. “Si las vemos en una planta, las podemos observar, las podemos fotografiar, pero desde luego no intentar estarlas cogiendo”, insistió.
El programa de seguimiento de mariposas en Timanfaya se enmarca en una red más amplia de ciencia ciudadana que busca involucrar a la población en la conservación del medio ambiente. Los voluntarios pueden participar en los censos y contribuir a la recogida de datos, lo que permite ampliar el alcance del estudio y fomentar la conciencia ecológica.
Para los residentes y turistas de Lanzarote, la iniciativa ofrece una oportunidad única de conectar con la naturaleza y comprender la importancia de la biodiversidad. El Parque Nacional de Timanfaya, declarado Patrimonio de la Humanidad, es un ecosistema frágil donde cada especie juega un papel crucial. El seguimiento de las mariposas ayuda a los gestores del parque a tomar decisiones informadas para su conservación.
La bióloga recordó que la presencia de mariposas no solo es un indicador de salud ecológica, sino también un síntoma de la calidad del aire y del suelo. “Estos insectos son muy sensibles a los cambios ambientales, por lo que su estudio nos alerta sobre posibles problemas antes de que se manifiesten en otras especies”, explicó.
El programa de seguimiento continuará durante los próximos meses, con especial atención a los periodos de máxima actividad de las mariposas, que suelen coincidir con la primavera y el verano. Los datos recogidos se integrarán en bases de datos nacionales e internacionales, contribuyendo al conocimiento global sobre la biodiversidad.
Para los amantes de la naturaleza, la recomendación de Betancort es clara: disfrutar de las mariposas sin interferir en su ciclo vital. “Observar y fotografiar es la mejor manera de apreciar su belleza sin causarles daño”, concluyó.

