El palacio de La Mareta, en Costa Teguise, fue un regalo del rey Hussein de Jordania a Juan Carlos I. Desde 2005 ningún miembro de la Familia Real lo ha utilizado y hoy es una residencia oficial gestionada por el Ministerio de Turismo.
El palacio de La Mareta, situado en Costa Teguise (Lanzarote), es una de las residencias oficiales de la Corona española más desconocidas. Construido por encargo del rey Hussein de Jordania, que se enamoró de la isla, el monarca hachemita apenas lo disfrutó y en 1989 se lo regaló al rey Juan Carlos I. Desde entonces, su uso por parte de la Familia Real ha sido muy limitado y hace dos décadas que ningún miembro de la familia real lo visita.
La Mareta ocupa unos 2.000 metros cuadrados distribuidos en un edificio principal y varios bungalós. Su diseño es obra del arquitecto Fernando Higueras y del artista César Manrique, quienes crearon una arquitectura sencilla, blanca e integrada en el paisaje volcánico, alejada del estilo clásico de otros palacios reales. La finca cuenta con acceso directo al mar, dos piscinas, helipuerto, biblioteca y zonas ajardinadas, pensadas para recibir con discreción a jefes de Estado y autoridades internacionales.
Por La Mareta han pasado personalidades como Helmut Kohl, Mijaíl Gorbachov y varios presidentes del Gobierno español, entre ellos José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, que la han utilizado para sus vacaciones. Sin embargo, la relación de la Familia Real con el palacio fue breve: don Juan Carlos y doña Sofía se alojaron allí en 1993, y en la Nochevieja de 1999 vivieron uno de los episodios más tristes, con el fallecimiento de doña María de las Mercedes de Borbón el 2 de enero de 2000.
Tras aquella tragedia, la presencia real en La Mareta se redujo drásticamente. Los entonces príncipes Felipe y Letizia regresaron con la princesa Leonor en diciembre de 2005, pero desde entonces no hay constancia de que ningún miembro de la Familia Real haya vuelto a utilizarla. Hoy, cedida al Ministerio de Turismo desde 2015, La Mareta no figura entre los siete Palacios Reales gestionados por Patrimonio Nacional: es una residencia oficial, no un palacio visitable, lo que explica por qué sigue siendo uno de los rincones más desconocidos —y con más historia— de la Casa Real española.
Para los vecinos de Lanzarote, La Mareta es un lugar emblemático pero inaccesible. La finca permanece cerrada al público y solo se abre con motivo de actos oficiales o visitas de autoridades. Su futuro sigue siendo incierto, aunque el Gobierno de Canarias ha mostrado interés en abrirla parcialmente al turismo cultural. De momento, el palacio sigue siendo un testigo silencioso de la historia reciente de la Corona en las Islas Canarias.

