Roberto Melo López ha rehabilitado un antiguo granero del siglo XVII en el caserío de La Quinta, en las medianías de Adeje, donde abrirá una tasca con espacio cultural. El inmueble carece de protección patrimonial.
Un antiguo granero del siglo XVII, situado en el caserío de La Quinta, en las medianías de Adeje, ha sido rescatado de la ruina por Roberto Melo López, un vecino vinculado al lugar por sus antepasados. Tras años de gestiones, Melo ha logrado reunir las ocho propiedades en las que estaba dividido el inmueble, entre ellas una que pertenecía a un ciudadano ruso, y lo ha rehabilitado respetando la arquitectura vernácula. Su objetivo es convertir el espacio en una pequeña tasca con un área cultural.
La Quinta es uno de los caseríos más antiguos de Tenerife, con menos de 30 habitantes, situado en las medianías de Adeje, lejos del bullicio turístico de la costa. Su origen se remonta a finales del siglo XVIII, cuando parte de los terrenos pasaron a manos de los marqueses de la Quinta Roja, de donde toma su nombre. La economía tradicional del lugar, basada en viñas, papas, cereal y ganado, ha desaparecido casi por completo, y hoy solo se cultiva para autoconsumo.
Margarita Galindo Bello y Damián Rodríguez Bello, un matrimonio que vive junto a la ermita que preside la plaza, son testigos de la transformación del barrio. Margarita se crió en el antiguo granero que ahora restaura Melo. "Tenía una parte del granero en herencia, pero mi tío me cambió eso por un cuartito que tenía. Ahí levantamos la casa en la que vivimos ahora", recuerda. La pareja valora la tranquilidad del lugar y la facilidad para aparcar, razones por las que, tras jubilarse, regresaron al núcleo originario de los padres de ella.
La restauración del granero, que estaba en estado ruinoso, ha sido un proceso complejo. Melo explica que "uno de los dueños era ruso" y que "vi un anuncio de una inmobiliaria y nos planteamos seriamente ir comprando parte por parte". El resultado, sin embargo, es una joya arquitectónica que conserva elementos originales como suelos de madera, puertas y ventanas del siglo XVII. "Si quisiéramos, tiraríamos el edificio entero abajo y haríamos una nueva construcción", señala Melo, pero optó por el camino difícil de la rehabilitación respetuosa con el patrimonio.
A pesar de su valor histórico y arquitectónico, La Quinta no cuenta con ninguna figura de protección patrimonial que impida la especulación o las malas prácticas en su caserío. Melo critica esta falta de amparo institucional y aboga por una mayor sensibilidad hacia la conservación de la arquitectura tradicional de las medianías. "El edificio pide a gritos cierto nivel de protección patrimonial desde las administraciones", afirma.
El proyecto de Melo no se limita a la restauración física. Su objetivo es abrir una pequeña tasca con espacio cultural, que sirva como punto de encuentro para los vecinos y visitantes, y contribuya a reactivar la vida del barrio. La iniciativa ha sido bien recibida por los residentes, como Margarita y Damián, que ven con buenos ojos cualquier actividad que dé vida al caserío sin alterar su esencia.
La Quinta, con su ermita, sus casas de piedra y su ambiente apacible, es un ejemplo de la Tenerife rural que pervive al margen del turismo masivo. La restauración del granero por parte de Melo es un gesto de amor por el patrimonio que, según quienes lo conocen, merece ser replicado en otros núcleos similares de la isla. De momento, el sueño de la tasca cultural está más cerca de hacerse realidad, y ya hay quien espera con ganas su apertura.

