Más de 10.000 personas abarrotaron la explanada del Auditorio de Tenerife para ver la final del Mundial entre España y Argentina. El Ayuntamiento tuvo que cerrar el acceso una hora y media antes del partido por seguridad.
La fiebre mundialista se desató este domingo en Santa Cruz de Tenerife. La explanada del Auditorio, donde horas antes habían actuado Don Omar y Chayanne en el Cook Music Fest, se convirtió en un hervidero de aficionados dispuestos a ver la final del Mundial entre España y Argentina. La organización, junto al Ayuntamiento capitalino, había instalado dos pantallas gigantes a los pies del escenario, pero la respuesta fue tan masiva que el recinto se llenó 90 minutos antes del pitido inicial.
60.000 personas en el festival, pero solo 10.000 cupo para el partido
Durante el fin de semana, el Cook Music Fest congregó a hasta 60.000 asistentes en el recinto. Sin embargo, para la retransmisión del partido se habilitó un aforo máximo de 10.000 personas, una sexta parte de la capacidad total. La marea roja desbordó las previsiones cuando, en los prolegómenos, Andrés Iniesta levantó la Copa del Mundo en la pantalla, encendiendo la ilusión de los presentes. Los accesos se cerraron por motivos de seguridad, dejando a cientos de rezagados en los aledaños, que siguieron el encuentro subidos a muros y vallas.
El ambiente era eléctrico. Cuando Lionel Messi apareció en las imágenes del calentamiento, la megafonía lanzó un '¿Quién va con España?' que provocó un rugido unánime. El grito se escuchó también fuera, donde los que no pudieron entrar se negaban a marcharse. La canción 'Potra Salvaje', himno de la selección desde la Eurocopa de 2024, sonó y la emoción se disparó entre los asistentes, que coreaban cada jugada como si estuvieran en el propio estadio neoyorquino.
Una final que paralizó la capital tinerfeña
La capital chicharrera vivió una tarde de domingo atípica. Las calles del entorno del Auditorio se llenaron de aficionados con camisetas rojas, banderas y bufandas. El Ayuntamiento de Santa Cruz había coordinado con la organización del festival un dispositivo especial de seguridad y movilidad, pero la afluencia superó cualquier cálculo. Para los que se quedaron fuera, la televisión pública ofrecía el partido en abierto, pero, como comentaban los asistentes, 'la emoción compartida se multiplica'.
Desde el interior, los 10.000 afortunados vibraron con cada ataque de la Roja. La final, disputada en Nueva York, enfrentaba a España y Argentina en un duelo que mantuvo en vilo a todo el país. En la explanada, la tensión se mascaba. Cada ocasión de gol era recibida con un estruendo, y los cánticos no cesaron ni un minuto. La experiencia de ver el partido en pantalla gigante, al aire libre y en compañía de miles de personas, convirtió la cita en un acontecimiento social de primer orden.
Para los que no pudieron acceder, la organización estudia repetir la experiencia en futuros eventos deportivos. De momento, el Cook Music Fest ha demostrado que la música y el fútbol pueden convivir en un mismo espacio, siempre que la logística esté a la altura de la pasión de la afición. El Ayuntamiento, por su parte, valora positivamente la iniciativa y analiza cómo mejorar los accesos para evitar situaciones de colapso.
La final del Mundial ya es historia, pero en Santa Cruz de Tenerife se recordará como la tarde en que 10.000 almas compartieron un sueño bajo las pantallas del Auditorio. Los que llegaron tarde se quedaron con la miel en los labios, pero prometen no fallar en la próxima cita. Porque, como bien saben los aficionados, el fútbol, cuando se vive en grupo, sabe mejor.

